El Drenaje Linfático Manual (DLM) es una técnica orientada a la “activación del funcionamiento del sistema linfático superficial para mejorar la eliminación de líquido intersticial y de las moléculas de gran tamaño, y facilitar su evacuación.”

Desde Hipócrates, a través de su teoría de los humores, se conoce la sangre blanca, lo que hoy llamamos linfa intersticial. Desde que Hipócrates dio a conocer su teoría, el hombre ha intentado encauzar dicha linfa para evitar las alteraciones que derivan de su acumulación.  

Fue a mediados del siglo XIX cuando Emil Voder inicia su terapia de Drenaje Linfático Manual, en aquellos tiempos no muy valorada, y catalogada de ineficaz y carente de valor terapéutico y científico.

En la actualidad, el desarrollo del Drenaje Linfático Manual (DLM) como terapia ha demostrado sobradamente su valor terapéutico y su evidencia científica, además de carecer de efectos secundarios, no ser agresiva y resultar agradable tanto para la persona que lo recibe como para el terapeuta.

Se puede definir el Drenaje Linfático Manual como una serie de maniobras protocolizadas muy suaves que, basadas en un profundo estudio de la anatomía y fisiología del sistema linfático, se realizan con el fin de drenar o desplazar la linfa, que por cualquier causa se encuentra estancada, hacia territorios linfáticos sanos para su normal evacuación hacia el torrente venoso.

¿Cómo funciona el DLM?

El sistema linfático se encarga de transportar los desechos derivados de la nutrición de las células hasta la sangre, para posteriormente llevarlos hasta el sistema excretor y así eliminarlos. Cuando el sistema linfático no consigue depurar ciertas zonas, los líquidos y sustancias se estancan, provocando la aparición de edemas.

La presión aplicada durante el drenaje linfático ayuda a arrastrar los líquidos retenidos hasta el sistema circulatorio.

Además de transportar las sustancias de desecho de las células, el sistema linfático también actúa como defensa del organismo. Esto se debe a los ganglios linfáticos, unas estructuras que se sitúan en varias zonas del sistema y que actúan depurando los agentes patógenos y neutralizando los daños que pudieran producir.

El hecho de que se acumulen líquidos en los tejidos puede deberse a varias causas, como un mal funcionamiento del propio sistema linfático, natural o inducido (este último debido normalmente a una extirpación de ganglios linfáticos, algo frecuente en el tratamiento quirúrgico de ciertos tumores). También se pueden acumular líquidos por causas que no tiene que ver con la linfa, como es el caso de edemas venosos, lipedemas, edemas traumáticos, edemas durante el embarazo, cirrosis hepática, malnutrición, etc.

¿Qué nos aporta el DLM?

Los beneficios del DLM son muchos:

  • Reabsorción de líquidos
  • Acción sedante sobre el dolor
  • Reducción de la inflamación
  • Mejora de las defensas del organismo
  • Producción de un efecto de relajación, por lo que se recomienda en situaciones de estrés
  • Mejora de la piel, favoreciendo la circulación de la sangre, ayudando a que no se formen bolsas ni arrugas
  • Mejora de la celulitis, principalmente la edematosa, drenando y reoxigenando los tejidos, y reduciendo volumen

Como cualquier tratamiento, los beneficios son solo temporales, por lo que el mismo tratamiento o su mantenimiento debe realizarse de forma constante para que los beneficios se mantengan.

Indicaciones del DLM

Los efectos beneficiosos del DLM han provocado que sea indispensable para el tratamiento de multitud de afecciones:

  • Problemas cutáneos: acné, rosácea, dermatitis perioral, eritema facial, celulitis
  • Cirugía: tratamiento prequirúrgico, y postquirúrgico (para acelerar el proceso de cicatrización y evitar que se produzcan edemas, mejorando la calidad de la cicatrización)
  • Tratamiento de heridas y cicatrices
  • Edemas: linfoedemas o edemas estáticos, lipedemas, edemas del embarazo, edemas del síndrome premenstrual, fleboedema, edemas postraumáticos
  • Alteraciones de origen reumático
  • Alteraciones linfoestáticas
  • Alteraciones del Sistema Nervioso Central: migrañas, cefaleas
  • Enfermedades crónicas de las vías respiratorias: rinitis, sinusitis

Contraindicaciones del DLM

Debido a la gran cantidad de sustancias que el DLM es capaz de movilizar a lo largo y ancho del organismo, también hay que contar con una serie de situaciones en las que dicho tratamiento no se debe aplicar:

  • Fiebre o febrícula
  • Infecciones agudas
  • Cáncer
  • Trastornos del sistema cardiovascular: insuficiencia cardiaca descompensada, flebitis, tromboflebitis o trombosis, síndrome del seno carotídeo, hipotensión arterial.
  • Afecciones cutáneas: candidiasis, nevus, eczemas agudos
  • Alteraciones del aparato respiratorio: asma bronquial, bronquitis asmática aguda
  • Hipertiroidismo
  • Alteraciones ginecológicas: metrorragias, inflamación aguda de los ovarios, en los tres primeros meses de gestación
  • Alteraciones del aparato digestivo: colitis agudas, colitis ulcerosa
  • Alteraciones del sistema renal: pielonefritis, cólico nefrítico, fracaso renal
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